La maternidad me enseñó algo que nunca entendí del todo hasta que tuve a mis hijas: las fotografías se vuelven más valiosas con el tiempo.


Muchas de las imágenes que guardo aquí fueron tomadas en momentos en los que no me sentía perfecta. Algunas fueron durante el embarazo, cuando mi cuerpo cambiaba cada día. Otras en el posparto, mientras aprendía a convertirme no solo en mamá, sino también en una nueva versión de mí misma.
Como fotógrafa, sabía lo importante que era documentar esos momentos, pero eso no hacía que fuera más fácil. Muchas veces implicó hacer el esfuerzo de arreglarme, preparar todo para la sesión y estar detrás y delante de la cámara al mismo tiempo. Tenía que pensar en la luz, en la composición, en capturar la imagen que imaginaba, mientras cargaba, calmaba, dirigía o hacía reír a mis bebés. Era un trabajo de amor que muchas veces se sintió agotador en el momento, pero que hoy agradezco profundamente haber hecho.
No por lo perfectas que puedan ser, sino porque guardan todo aquello que más amo en esta vida. Los momentos que pasaron demasiado rápido y las etapas que nunca volverán.
“Porque las fotos no conservan cómo te veías. Conservan cómo amabas.”
Conservan las manos pequeñas que un día cabían dentro de las tuyas, las miradas que te buscaban, los abrazos que parecían eternos y que, sin darte cuenta, se vuelven recuerdos.

Con los años entendí que las fotografías empiezan a tener un valor inmenso cuando son lo único que queda de ciertos momentos.
Por eso esta galería es tan especial para mí. Aquí está mi historia como mamá. Mis embarazos, mis hijas, nuestra vida juntos.
Guardan la emoción de esperar a mi primera hija y descubrir una forma de amor que no conocía. Guardan la alegría de recibir a mi segunda hija y ver cómo nuestro corazón encontraba espacio para amar aún más. Guardan los cambios, las etapas y los pequeños detalles que transforman una familia con el paso de los años.
Cuando veo estas fotografías no solo veo momentos bonitos. Veo la vida que soñé. Veo a la familia que imaginé algún día tener y que hoy tengo la bendición de abrazar cada mañana.
Quiero decirte que nunca te arrepientes de haber tomado la foto. Lo que suele doler es no tenerla.
Porque al final, las fotografías son una de las pocas cosas que el tiempo no puede llevarse. Son la forma más hermosa de volver a los momentos que más amamos y de conservar, para siempre, aquello que más valor tiene en nuestra vida.
Una colección de los momentos que guardo con más cariño: el embarazo, mis hijas y la vida que construimos juntos.
Nunca te arrepentirás de haber tomado la foto. Hagamos algo que guardarás para siempre.